EVA ESNAOLA, GANADORA DE BURUNTZALDEA

Sus sensaciones, sus palabras y el relato de todo el camino

«En una Backyard hay que ir despacio, escuchar al cuerpo y trabajar la cabeza»

Una carrera junto a casa, un reconocimiento inesperado: lo que vivió Eva Esnaola en la Ibai-Ondo Backyard

Todo empezó por la cercanía. Que la prueba se celebrara a pocos kilómetros de casa fue el primer empujón para que Eva Esnaola repitiera en la Ibai-Ondo Backyard. Tenía a mano la oportunidad de volver a un formato que ya había probado el año anterior, y no se lo pensó dos veces. No acudía con grandes objetivos de clasificación; llegaba con una idea clara en la cabeza: darlo todo y ver cómo respondía su cuerpo.

Pero la meteorología convirtió la carrera en un desafío mucho más duro de lo previsto. La lluvia intensa, el viento y los problemas de estómago acabaron obligándola a abandonar. Aun así, su actuación le trajo un premio especial: ser reconocida como la primera participante de Buruntzaldea. Y se enteró casi por casualidad, al día siguiente, cuando se disponía a comer.

Eva habla de lo vivido con naturalidad y sentido del humor. Recuerda el valor del público, el ambiente entre corredores y un pequeño triunfo personal: que, en plena noche oscura y a pesar de todo, no se perdió.

El deseo de regresar

¿Por qué decidiste participar de nuevo en la Ibai-Ondo Backyard?

Que se celebrara tan cerca de casa fue lo que más pesó. Tener una prueba de estas características a unos pasos de mi entorno me resultaba muy atractivo.

Hasta entonces solo tenía una experiencia, la edición del año anterior, cuando intenté completar unas cuantas vueltas. Me gustó, tanto por el formato como por el ambiente, y eso me llevó a repetir este año.

No llegué con una clasificación concreta en la cabeza. Mi objetivo era el de siempre: darlo todo, aprovechar la experiencia y llegar hasta donde me permitieran las fuerzas.

Correr sin prisas

¿Cómo se prepara una carrera sin tiempo definido, en la que no puedes saber cuántas horas vas a estar compitiendo?

La preparación fue más o menos parecida a la de un maratón. No hice un plan diseñado específicamente para la Backyard, pero sí llegué con una base de entrenamiento que me permitía afrontar varias horas.

La particularidad de este formato es justo esa: no sabes cuánto tiempo vas a estar en movimiento. Puedes intentar hacer previsiones, pero al final la prueba va colocando a cada corredor en su sitio y te obliga a adaptarte continuamente.

¿Cuál era tu estrategia?

Ir despacio y sin prisa. En una Backyard no tiene sentido correr más rápido de lo necesario. Tienes que completar la vuelta dentro del tiempo establecido, sí, pero también guardar energía para volver a salir una hora después.

Con la alimentación, en cambio, no salió como esperaba. Esa mañana me desperté con una sensación rara en el estómago y no conseguí comer bien. Durante la prueba tomé algunos geles, un poco de chocolate y café, pero poco más.

En una carrera de tantas horas, no alimentarte bien acaba pasando factura. Intenté continuar y adaptarme, pero el estómago terminó condicionando mi participación.

Una noche de lluvia y viento

¿Qué fue lo más difícil de la carrera?

La meteorología, sin duda. Llovió muchísimo, y la cosa se ponía especialmente desagradable cuando coincidían la lluvia y el viento. Correr mojada durante horas, volver a salir y enfrentarte otra vez a las mismas condiciones provoca un desgaste enorme.

Llegó un momento en el que empecé a encontrarme mal del estómago. Tuve que valorar la situación y decidí que lo mejor era abandonar. En estas pruebas eso también cuenta: saber cuándo continuar deja de ser una buena decisión.

¿Cómo fue la relación con el resto de participantes?

Muy buena. Durante la carrera fuimos hablando y compartiendo momentos. Incluso animé a algún corredor para que intentara completar alguna vuelta más.

Aunque la competición sea individual, entre quienes recorren el mismo circuito una y otra vez se crea una relación especial. Cada uno tiene sus motivos y sus límites, pero todos entienden lo que están viviendo los demás.

¿Qué importancia tuvo el público?

El público estuvo muy implicado. Tiene muchísimo mérito aguantar allí tantas horas, y más con unas condiciones tan difíciles.

Quienes animan también soportan el frío, la lluvia, el viento y el paso de las horas. Su presencia hace que te sientas acompañada y ayuda a mantener el ánimo cuando la prueba se endurece.

¿Te llevas algún momento curioso?

Hay uno que recuerdo con humor: no me perdí en la noche oscura. Cuando corres de noche, cansada y con mal tiempo, hasta orientarte se convierte en parte del reto; así que completar el recorrido sin equivocarme fue una pequeña victoria.

El reconocimiento de Buruntzaldea

¿Cómo supiste que habías sido la primera participante de Buruntzaldea?

Al día siguiente, cuando llegué a comer. Fue entonces cuando supe que había sido la primera de Buruntzaldea.

La noticia me hizo mucha ilusión. Después de una carrera complicada —marcada por el mal tiempo y los problemas de estómago—, recibir ese reconocimiento fue una alegría inesperada.

¿A quién te gustaría agradecer el resultado?

A mi entrenador, Régulo. Seguramente es la persona a la que más trabajo doy, y quien aguanta todas mis manías.

Detrás de una carrera hay muchas horas de entrenamiento, dudas, cambios de planes y conversaciones. Tener a alguien que te conoce, te orienta y te acompaña en todo el proceso es fundamental.

El trabajo de la cabeza

¿Qué aprendiste con esta experiencia?

Estoy bastante acostumbrada a correr ultras, pero para mí era nuevo eso de parar después de cada vuelta y volver a empezar a la hora siguiente.

Creo que lo gestioné bastante bien. Físicamente no me pareció un formato especialmente difícil en las primeras fases, pero hay que trabajar mucho la cabeza. Las paradas pueden ayudarte a recuperar, aunque también pueden hacer que aparezcan las dudas.

En una Backyard, a veces el cuerpo todavía puede seguir, pero la mente empieza a buscar excusas para parar. Creo que algunos participantes podrían haber completado más vueltas, pero les llegó ese «diablo» mental que te invita a abandonar… y ahí terminó su carrera.

¿Qué destacarías de la prueba?

El ambiente, sobre todo. Fue excelente. La relación entre corredores, la implicación del público y el trabajo de la organización hicieron que la experiencia mereciera la pena, con dificultades y todo.

¿Hay algo que consideres mejorable?

Más que señalar algo de la organización, creo que la responsabilidad está en los propios corredores, sobre todo con el avituallamiento.

No tiene sentido acumular grandes cantidades de comida de la organización si luego no la vas a consumir. Es importante coger solo lo que necesitas, pensar también en el resto de participantes y evitar que se desperdicie comida. El buen funcionamiento de una prueba depende de la organización, sí, pero también de la responsabilidad de quienes participamos en ella.